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Podemos definir el concepto de comentario como un un grado, nivel o escalón superior y/o de mayor profundidad que una simple lectura. 

Etimológicamente, el término de «comentario» procede del latin commentarius y consistía en un pequeño extracto histórico-biográfico que los profesores de retórica y/o gramática realizaban a sus alumnos a modo de aclaración.

El uso de este pequeño extracto o esqueleto pedagógico continuará en las escuelas y universidades medievales y renacentistas y se prolongará hasta bien entrado el siglo XIX.

Será en Francia, a finales del siglo XIX, donde se produzca una ruptura con los preceptos  latinos (histórico-biográficos). Distanciamiento causado por el deseo expreso de algunos profesores que conciben la Literatura como un compendio de textos llenos de vida, espontaneidad y pasión. Acicate al que se sumarán, en los albores del siglo XX, estudiosos de países como Alemania o España, quienes, además, están convencidos de la importancia del texto como unidad comunicativa. Hecho que los llevará a esforzarse en la necesidad de despertar, en el receptor, el espíritu crítico y el deseo de captar la esencia del contenido del mensaje o de una obra de un autor.

Durante el siglo XX, proliferarán, sin orden ni concierto, estudios sobre diversas metodologías, enfoques y perspectivas a la hora de abordar un comentario de texto. Hecho que, en no pocas ocasiones, presenta esta disciplina como un monstruo aterrador, como una hidra de múltiples cabezas imposibles de cortar.

¿Te gustaría poder enfrentarte al comentario de un texto con suficiente claridad, sin agobiarte, sin miedos ni frustraciones?

¿Recuperamos juntos el tópico clásico “docere, movere et delectare”?

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Etimología de «comentario de texto»